Tarta de queso endulzada con plátanos en mitad del confinamiento

Demasiado tiempo sin dedicarle un ratito a mi blog, a mi pequeño diario. Y es que a mí el confinamiento no me ha sentado bien. Me ha restado creatividad y algo de alegría. Aunque escribo más cuando estoy triste o enfadada (entiéndase la escritura como una de mis herramientas terapéuticas favoritas) esta vez creo que me ha pesado más el desánimo, la incertidumbre, el hastío, … una pena. Dejo aquí un pequeño texto que publiqué en Instagram el pasado 24 de Mayo, reflejo de mis emociones cuando parecía que ya sí pero todavía no.

RESPIRAR y CAMINAR LIBRES, como si aquí la vida siguiera siendo normal. Se pone el sol y toca bajar de la montaña, ponerse la mascarilla, esquivar a personas y saludarlas de lejos. Nunca con abrazos y de locos si fuera con besos. Y a eso se le llama la nueva normalidad. Durante el confinamiento los deseos de una vida diferente después de tanta ausencia me ponían animosa. Seguro que saldremos más respetuosos, que valoraremos mucho más lo que tenemos, que seremos más responsables, más críticos, que cuidaremos nuestro planeta más que nunca. Y no sé si es ver que no o si es echar mucho de menos o si es imaginar un futuro sin libertad o no lo sé, la verdad. El caso es que bajo de la montaña y me subo en el Dragon Kan emocional. Paso del optimismo a la negrura en cuestión de minutos. Me pongo triste y cabreada. Pero leo a Tamara de @psico.tam y su acertada entrada sobre la importancia de no invalidar cualquier emoción y me reconforto. La tristeza y el cabreo sirven para movilizarnos, diría que mucho más que la alegría y la satisfacción, así que oye, lejos de pisotearlas como si fueran cosas malas, permitamos a esas emociones que estén, que nos hagan crecer y que nos permitan abandonarlas cuando estemos preparados para ello. Pretender esconder esas emociones pueden llevarnos a tener comportamientos dolorosos hacia nosotros mismos. Y a parecer invencibles. Y no lo somos. Así que abracémonos en nombre de todos los que nos quieren y ahora no pueden… y que pasen

Ahora sí, la receta, un dulce super rico sin nada de azúcar añadido pero con un sabor que te flipará, palabrita. Si pruebas volverás a convencerte que NO es necesario utilizar azúcares, siropes o endulzantes para conseguir un sabor a tarta de verdad… quizás lo que sí sea necesario es re-educar al paladar… y en eso estamos 🤗

INGREDIENTES:

  • 200 gramos de queso tipo mascarpone o fresco
  • 20 gramos de copos de avena para moler o harina de avena
  • 2 huevos
  • 2 plátanos muy maduros
  • 2 yogures naturales tipo griego sin azúcar
  • 4 dátiles medjool
  • 20 gramos de almendras
  • 1 cucharada de aceite de coco

ELABORACIÓN:

  • Precalentamos el horno a 180ºC
  • Forramos un molde con papel de horno
  • Preparamos la base de la tarta picando y mezclando los dátiles (sin hueso), las almendras y el aceite de coco. Nos quedará una pasta que extenderemos en la base del molde a modo de galleta
  • Por otro lado, trituramos y mezclamos bien el resto de ingredientes (queso, harina de avena, huevos, plátanos y yogures) Vertemos sobre la galleta en el molde y metemos al horno 45 minutos
  • Subimos la temperatura a 200ºC y dejamos 5 ó 10 minutos más, que se dore la superficie de la tarta
  • Dejamos enfriar y guardamos en la nevera

Espero que la disfrutéis cuando más os apetezca. Os abrazo 💚 GRACIAS

 

4 comentarios en “Tarta de queso endulzada con plátanos en mitad del confinamiento

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